“He who desires but acts not brings pestilence”
Writing by Dum Dum on Lunes, 15 of Diciembre , 2008 at 1:26 pm
El título de este post es un verso del libro “El matrimonio del cielo y el infierno” del poeta William Blake. Dice literalmente: “Aquel que desea y no actúa engendra pestilencia”. (Aviso para los que no quieran seguir: hoy no hablaré sólo de poker, aunque todo lo dicho es extrapolable.)
Blake podría ser alguien fácilmente llamado “loco” (al fin y al cabo mantenía distendidas conversaciones con ángeles) pero no creo que de inmoral. Lo que está diciendo aquí no que toda acción se justifica por el mero hecho de cumplir un deseo. Más bien lo que dice es, creo, que si deseamos algo de verdad no tratar de llevarlo a cabo es un fallo. La moralidad queda un tanto al margen (y puede parecer sorprendente, sobre todo al filósofo, que la mayor parte de nuestras decisiones y acciones no tengan ningún sentido moral).
Hoy me he parado a pensar en el increíble número de decisiones que puedo tomar en dos horas en las mesas (tirando por lo fácil estimo que una media de 2 decisiones por mano, lo que hace que tome alrededor de mil decisiones la hora). Muchas de ellas son fáciles, pero algunas son tan tremendamente complicadas que los 20 segundos que tengo de tiempo no me alcanzan. ¿Dejo de decidir por ello? No puedo; tengo que hacerlo. ¡Pero falta tiempo! ¿Estaré tomando la decisión acertada? No puedo saberlo y no puedo esperar a saberlo.
A veces en la vida se dan circunstancias en las que uno parece verse incapacitado para decidir, de la misma manera que puede ocurrir en una mesa. Pensamos que en el tiempo está la clave… ¿Es esto verdad? No lo creo. La mayor parte de las veces que nos vemos obligados a decidir algo importante no nos faltan los elementos (es decir, las razones, los motivos) para decidir. Lo que nos falta habitualmente es la voluntad necesaria para decidir. “Voluntad” es aquí una palabra muy abstracta. ¿Qué nos falta? Pueden ser dos cosas: falta de fuerza para tomar una decisión que puede ser arriesgada o bien genuinamente falta de deseo (falta de voluntad en sentido estricto).
En toda decisión complicada o que implica un riesgo elevado de poder no estar decidiendo correctamente, el tiempo no nos ayudará en realidad, aunque nos permita aliviar el peso de lo que puede ser la inminencia del error. No te escudes en el tiempo entonces. Revisa los elementos que intervienen en tu decisión (están delante de ti, no necesitas mucho para verlos) y mira qué es lo que realmente quieres (esto no puedes verlo ni podrás nunca, sólo puedes quererlo). La decisión entonces está tomada de antemano, por eso al final somos capaces de tomarla cuando quisiéramos no hacerlo.
El tiempo lo único que nos puede dar es la ventaja de trazar un plan óptimo para conseguir lo que queremos, pero nunca nos va a dar claves sobre lo que queremos y lo que no. Si queremos llegar hasta el final con una mano, es lo que vamos a acabar haciendo, por mucho que la acción del rival pueda hacernos pensar que quizás no es tan buena idea. En definitiva, la verdadera virtud reside en querer lo bueno y rechazar lo malo. Si queríamos correctamente entonces hemos dado el primer paso hacia el éxito. Planea todo lo que necesites, pero no creas que decidir es difícil. En realidad ya siempre has decidido. Y bueno, si no lo has hecho ya al principio de la mano (o al principio de una determinada circunstancia en la vida) entonces te falta voluntad en los dos sentidos arriba mencionados.
Alguien sin voluntad fracasará necesariamente, sufre de la peste que titula este post.
Category: Personal, Reflexiones
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